Por: Edwin C. Rivera Manso

Una de las virtudes que tenemos los puertorriqueños es nuestro espíritu noble y servicial. En nuestra formación se valora la buena voluntad y la solicitud para ayudar a otros. Es más, se espera de nosotros que demos la mano y que estemos dispuestos a decir “SÍ” a una voz que pide ayuda.

Por eso, una tarea muy difícil para los puertorriqueños es aprender a decir “NO”. En nuestra cultura el ser cortés, amable e indirecto es una forma de virtud. Desde pequeños se nos educa para agradar a los demás, para respetar a nuestros mayores y se toma como algo negativo ser irrespetuoso y no colaborador. En nuestro contexto, se pasa por descortés cuando se da una negativa tácita a un pedido, sobre todo si es alguien de mayor edad, de alta estima para la familia o si tiene un grado de cercanía emocional y de amistad.

Por eso tenemos una cantidad de frases indirectas para decir NO sin que este sea tan obvio, por ejemplo:

“Déjame ver”

“A lo mejor”

“Voy a tratar”

“Más o menos”

“Voy a bregar con eso”

“Si Dios quiere”

Estas son formas en que nos negamos, pero a la vez, salvamos cara… ¿No es así? Me imagino que ha estado ahí, una invitación a compartir con un fin de semana ajetreado, una petición económica de un amigo, una solicitud a la que verdaderamente no nos interesa acceder… la lista es larga.

Pero sabe algo, es necesario atrevernos a pronunciar esta palabra de vez en cuando, y de cuando en vez: NO. Esta no es una mala palabra, es una palabra también: MOTIVACIONAL, BUENA y LIBERADORA. Es necesario aprender a decir NO, porque nadie verdaderamente exitoso logra el éxito por acceder a todo lo que se le presenta.

Decir NO es conveniente e imperativo en un mundo con demasiadas ofertas, donde todos quieren un espacio de tu tiempo, una cita de tu agenda, una tarea por asignarte, un embeleco en el que comprometerte… Tal vez, ahora mismo estas riendo porque sabes que tengo razón.

Hay momentos donde decir NO es lo más SABIO, PRUDENTE, ACERTADO, EFECTIVO y NECESARIO hacer, punto.

¿Cuándo decir NO? Permítame sugerirle algunos momentos:

  1. Cuando el NO es conveniente para ti, como para la otra persona.

¿Haz conocido gente que quiere involucrarte en proyectos que ni ellos mismos lo tienen definido y que no han meditado en las responsabilidades que implica? Un NO a tiempo puede ser una salvaguarda para ti y para él o ella.

  1. Cuando tienes una responsabilidad familiar importante.

¡Tu familia es importante! Y a veces la tentación es relegarlos, o sea, sacrificar a tu familia por acceder a lo de alguien más. Ojo, estas decisiones cuestan luego la amargura de tus hijos(as), de tu cónyuge, seres queridos y hasta pueden costarnos nuestras relaciones, si no sabemos establecer prioridades.

  1. Cuando tus principios están en riesgo.

Si un asunto compromete moralmente en algún sentido tu integridad, la respuesta más clara es decir NO. Hay peticiones, gestiones, compromisos, silencios que luego nos pueden costar muy caros. Recuerde que como dice el dicho, “la soga siempre parte por lo más fino” y puede ser que por usted no haber dicho un NO a tiempo, tenga que cargar con las culpas después.

  1. Cuando tu dignidad está en juego.

La dignidad es uno de los valores más importantes con los que Dios invistió al hombre. Es un elemento inalienable de la virtud humana. Si un trato, una relación, una amistad, una asociación, un empleo, un empleador, una institución, entre otros… en manera alguna pisotea su dignidad, la respuesta para continuar allí es NO.

  1. Cuando estas herido, infeliz y exhausto.

No se puede dar lo que no se tiene. Y si estamos abatidos hasta el punto de estar drenados por circunstancias que emocionalmente nos inutilizan, ante la locura o neurosis de continuar la respuesta es decir NO.

El primero que nos da ejemplo de esto es Dios mismo. Cuando usted examina los diez mandamientos, encontrados en Éxodo 20: 1-17; código legal por excelencia, reconocido como una aportación del Judaísmo y Cristianismo en casi toda constitución vigente hoy a nivel mundial, se nos muestra claramente la importancia de tener estatutos categóricos. De los diez mandamientos, ocho son aseveraciones cortas e imperativas que nos señalan que NO debemos practicar y/o aceptar ciertas conductas [No tendrás dioses ajenos, No te harás imágenes, No jurar en vano, No hurtar, No matar, No adulterar, No calumniar, No Codiciar] algunas, hoy tipificadas como delitos. Solo dos están redactadas de forma positiva [Acuérdate del día de reposos y Honra a tu padre y madre].

Atrévase a pronunciar la palabra más difícil de decir, pero también una que le traerá mucha paz y madurez, aunque cueste. NO.

Recuerda: “Si tienes metas y sueños, siempre se pueden llevar A Otro Nivel”

 

Autor: Edwin Rivera Manso

Leave a Reply